La metrópoli de Teherán alguna vez contó con un núcleo histórico habitable y de baja densidad, que, tras la Revolución Iraní, experimentó una expansión desbalanceada y descontrolada debido al crecimiento poblacional y las políticas centralizadas. El desarrollo de Teherán adoptó un modelo orientado al automóvil, dando prioridad a la construcción de autopistas, numerosas calles y densas manzanas urbanas. Este enfoque redujo gradualmente la calidad de vida urbana para los peatones y disminuyó la habitabilidad general de la ciudad.
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