En General Alvear, Mendoza, se erige una antigua bodega, cuyos orígenes se remontan a 1924, cuando sus primeras piletas albergaron el vino de la familia Hidalgo. Sin embargo, a finales de los años 70 tras ser abandonada, el paso del tiempo y la falta de atención, el edificio quedó prácticamente en ruinas. En el año 2015, cuatro décadas después, un heredero de la familia, dotado de visión artística y cultural, adquiere la estructura con el propósito de transformarla en su atelier, museo personal y sala de exposiciones.
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