Para la mayoría de los niños y niñas, el camino a la escuela constituye una geografía cotidiana de vida callejera y tráfico; una rutina que se repite tanto que se vuelve casi invisible, diluyéndose en el trasfondo de la infancia y el crecimiento. Sin embargo, para los y las estudiantes transfronterizos que viven en Shenzhen y asisten a la escuela en Hong Kong, la jornada escolar comienza mucho antes y mucho más lejos del salón de clases. Comienza en la frontera.
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