Insertada en la trama reticular del centro histórico de Mérida, a unos pasos del parque de la Mejorada y del histórico arco de Dragones, la casa parte de una decisión fundamental: conservar intacta la fachada existente. Manchas, fisuras y repintes permanecen visibles sobre los muros y la herrería como parte de la historia material de la vivienda. Más que restaurar una imagen idealizada, el proyecto buscó preservar la pátina acumulada por el tiempo y mantener la continuidad urbana de la calle. La intervención propone una relación contenida con lo preexistente, permitiendo que la nueva arquitectura dialogue con la construcción existente sin borrar sus huellas.
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