En los primeros días después del nacimiento, la abeja permanece dentro del nido, limpiando celdas y siendo alimentada por otras trabajadoras. Con el tiempo, comienza a organizar los almacenes de polen, regular la temperatura de la colmena y vigilar la entrada. Solo en las últimas semanas de su vida sale del refugio para volar. Es en el momento del vuelo que su trayectoria comienza a intersectarse con la arquitectura y la ciudad. En busca de néctar, se desplaza a través de un territorio moldeado no solo por su memoria espacial y la disponibilidad de flores, sino por la forma en que construimos el entorno construido. Cada movimiento se convierte en una negociación con el espacio urbano: superficies impermeables que interrumpen los ciclos naturales, corrientes de aire intensificadas entre edificios, vacíos sin vegetación, fragmentos verdes dispersos entre lotes y cubiertas técnicas.
from ArchDaily México | ArchDaily México https://ift.tt/Uj07Qoe
via IFTTT
No hay comentarios:
Publicar un comentario