Un bosque de abetos, una pendiente, vistas de gigantescos troncos de árboles, un vacío dejado por una construcción anterior, aves, ciervos y rayos de sol que titilan. Abajo, la superficie de un lago. La vía de acceso se sitúa en el borde superior de la parcela. Desde la calle, la casa aparece como de una sola planta —invisible y pequeña—; desde el jardín, se convierte en dos plantas —abierta y amplia—. Los coches se estacionan en la cubierta. La volumetría de la casa sigue la pendiente del terreno y los requerimientos espaciales del cliente. El espacio central de la escalera (el “torso”) conecta las alas oeste y este —las zonas de día y de noche—. El concepto principal es un eje visual y un descenso hacia el paisaje del bosque. El verde y el rojo son colores complementarios. La casa —un organismo— pasa a formar parte del bosque.
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