En una cresta de 3,000 metros de altura en Jiuzhaigou se encuentra un micro-village de apenas ocho cabañas de madera—el pueblo administrativo más pequeño de China. Parece estar clavado contra el cielo por el viento, coexistiendo con nubes, abetos y terreno rocoso. Ahora, tenemos la tarea de transformar este sitio único en un resort. El diseño aquí no se trata de "renovación", sino de "recordar": recordar los recuerdos sellados en la tierra, el aliento escondido en los bosques montañosos y la madera, y las huellas del tiempo enterradas en las montañas estratificadas. Que la madera envejecida sea reavivada, que las casas antiguas se levanten de nuevo, que los manantiales de montaña canten una vez más. Que cada trozo de madera antigua regrese a las laderas, y que cada grieta cuente la historia del viento y la escarcha.
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