Ubicado en el distrito de Chamartín en Madrid, este apartamento de 38 m² ocupa el espacio de una antigua oficina, careciendo de cualidades espaciales y con muy poca luz natural. La intervención transforma esta condición en un interior doméstico tranquilo, donde la arquitectura, la materialidad y la luz configuran una atmósfera serena dentro de una huella compacta. Como unidad en la planta baja, el apartamento recibió poca luz del día. La ventana existente, dividida en múltiples secciones horizontales y verticales, restringía tanto la luz como la apertura visual. Fue reemplazada por una única ventana de madera pivotante de altura completa, diseñada sin divisiones para maximizar la luz natural y establecer continuidad material con el interior.
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