La casa donde la clienta pasó su infancia era una vivienda tradicional japonesa, con un engawa y una galería abierta al jardín. Allí, se sentía envuelta por el aroma de la hierba fresca, las fragancias de las estaciones e incluso los olores que llegaban de las cocinas de sus vecinos. El deseo era recrear ese recuerdo, esta vez en un piso situado a quince metros del suelo. Por eso imaginamos una casa abierta al cielo.
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