La entrada a Casa Akama está precedida por la presencia de un árbol imponente. Su escala, su edad y la forma en que se yergue obligan a levantar la vista, a hacer una pausa. A un costado, los primeros cuerpos de agua reflejan la luz y el movimiento de las ramas, anticipando algo que se repetirá más adelante: el agua aparece en momentos clave, marcando pausas y generando cierta calma en el recorrido.
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