Por Jimena Hogrebe. Hilda fue a buscar un cambio de vida en San Miguel de Allende y terminó creando El Recinto. Ubicada en un terreno alargado y profundo, ésta se ideó con una planta baja pública y un primer piso privado con tres cuartos. Con el tiempo ella imaginó que el proyecto podía volverse un espacio de comunión y quiso crecerlo para recibir familia, amigos, residentes y viajeros. Se sumaron ocho habitaciones independientes, dos al frente y seis al fondo. Así, el pequeño conjunto se volvió un lugar adaptable a distintos habitares.
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